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Masonería: - BIBLIA SÍ… Y BIBLIA NO - (Un poco de historia)

Masonería: - BIBLIA SÍ… Y BIBLIA NO | (Un poco de historia) - @ Autor: Amando Hurtado


La Masonería no postula una “ideología”. Su propósito, su meta, ha sido siempre la Fraternidad universal, el encuentro en armonía fraternal de personas que, por encima de ideologías, etnias, creencias, etc., comparten ese sentimiento humanista y humanitario adiestrándose en sus talleres para completar fuera lo practicado dentro de ellos.


Como institución, surgimos en el siglo XVIII en el seno de una cultura social anclada en la dogmática judeo-cristiana, que pretendía ser fundamento de una ética ideal expresada, en Europa, en un libro sagrado común: la Biblia. Sin embargo, un auténtico libre examen de sus textos y la evidencia histórica milenaria ponen de relieve que la ética que propone está subordinada a las creencias ancestrales del “pueblo elegido” por un dios patrocinador de enfrentamientos, violencias y veleidades explícitas (Antiguo Testamento) escasamente contrapesadas por el renovado “pacto de fe” que expresa el Nuevo Testamento…

Si la Masonería simbólica tiene como motivación esencial el perfeccionamiento personal de sus adeptos con el fin último de ejemplarizar la Fraternidad a nivel universal, somos muchos los que a lo largo de nuestra historia tricentenaria hemos entendido que nuestra aspiración ética institucional no debe vincularse a ninguna religión ni a ninguna estructura de pensamiento dogmático. Así se prescribía en el libro fundacional de 1723 (el de las llamadas “Constituciones” de Anderson), aunque paradójicamente sea la masonería de escuela anglosajona la que sostiene que la Biblia es imprescindible, nada menos que como “palabra de Dios”.

Por ejemplo, en la Gran Logia de Francia, creada en 1894 y practicante del Rito Escocés Antiguo y Aceptado como método de trabajo (supuestamente propiedad patentada del Supremo Consejo de Francia), hasta 1953 sus logias solían optar como referente espiritual, también simbólico, por un libro en blanco o por el de las Constituciones de Anderson fundacionales.

La decisión sobre la obligatoriedad de la Biblia como libro simbólico de sabiduría fue adoptada con objeto de poder ser “reconocida” como Obediencia “regular” por la Gran Logia Unida de Inglaterra, que, además, ha rechazado siempre la dependencia de una Obediencia masónica de cualquier otra jurisdicción. Y puesto que la Gran Logia de Francia depende de un Supremo Consejo exterior a ella para validar los altos grados del método (rito) practicado, de nada sirvió tal decisión, que sin duda tuvo una motivación más política que filosófica o iniciática…


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