LA BIBLIA DESENTERRADA… | @Amando Hurtado

LA BIBLIA DESENTERRADA…


Comenta Pablo J. Rodríguez (en Estudio General de Humanidades) que el libro The Bible Unearthed ("La Biblia Desenterrada"), publicado en 2001 por los arqueólogos Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman, marcará sin duda un antes y un después en los estudios bíblicos, en la medida en que vaya siendo paulatinamente digerido por la comunidad científica de historiadores, orientalistas, filólogos y arqueólogos bíblicos…


Israel Finkelstein (director del Instituto de Arqueología de la universidad de Tel Aviv) y Neil Silberman (arqueólogo e historiador premiado por la Fundación Guggenheim en 1991) son los autores de un libro excepcional que recoge los trabajos realizados en Israel durante más de una década siguiendo el rastro de las narraciones bíblicas. Para estos investigadores esas narraciones, escritas a partir del siglo VII a.C., recogen transmisiones orales que se remontan al siglo X a.C. y que, como todas las narraciones transmitidas oralmente durante cientos de años, ofrecen versiones deformadas de los acontecimientos relatados, cuando no alteradas o falsificadas en función de determinados propósitos… El libro es de gran interés científico para cuantos nos interesamos por la Biblia, ya sea como referente religioso o sólo como referente cultural, puesto que el conjunto de relatos que la integran ha sido (y aún lo es para muchos) nada menos que la “palabra de Dios” revelada.

Finkelstein y Silberman aseguran que no se ha logrado hallar restos arqueológicos del famoso Templo de Salomón, a pesar de haber sido descrito minuciosamente en textos bíblicos. Tampoco habría existido un tan poderoso y sabio rey Salomón del que no se halla rastro alguno en las más antiguas documentaciones históricas de su tiempo (siglo X a.C.), salvo en los escritos bíblicos (siglos VII y sucesivos). Por otra parte, las tribus judías del Éxodo en realidad nunca huyeron de Egipto, puesto que las tierras de Canaán eran territorio egipcio en el tiempo en el que se sitúan los hechos, etc., etc.


Junto a la escuadra y el compás de los constructores medievales situaron los primeros francmasones protestantes británicos la Biblia como una de sus ” Tres Grandes Luces”, susceptible de “libre examen”. La Biblia se proponía como “Volumen de la Ley Sagrada”, contenedor del plan cósmico revelado por Jahveh (el dios tribal hebreo considerado Creador universal único). En fases posteriores del desarrollo de la masonería se subrayó que otros testimonios históricos de la supuesta “revelación” divina podrían igualmente sustituir a la Biblia judeocristiana (Corán, Avesta, etc.) en función de las creencias personales de los iniciandos. Y a partir del siglo XIX la masonería adogmática dió un paso más considerando improcedente la vinculación del ideal masónico de Fraternidad universal con cualquier religión.


Es evidente que los posibles contenidos de los símbolos fundacionales utilizados en las logias europeas del siglo XVIII se amplían en función de nuestro avance en el conocimiento de las ciencias, como se nos propone expresamente en nuestro 2º grado iniciático.


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