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Artigo:- Tradición... | @Amando Hurtado

TRADICIÓN...


En una época en la que hablar de valores humanos universales implica conceptos bioéticos, ecológicos y geopolíticos, la sabiduría exige no sólo cautela, sino oposición a todos los “absolutos”, no separando nunca los conceptos de libertad e igualdad y considerando la exaltación de la dignidad humana meta de toda acción social. Esa es la TRADICIÓN masónica por excelencia.

La tradición auténtica ha de ser una llave capaz de abrir las puertas del futuro. De lo contrario sería tan sólo vacua nostalgia. Nada más que forma, sin sustancia. Lo expresaba a principios del siglo XX el gran pacifista que fue Jean Jaurès cuando decía que “mantener la tradición, es guardar la llama, no las cenizas”.

Hoy como nunca, o tal vez como siempre, nuestras tradiciones deben estar al servicio del porvenir. Esto significa que nuestros valores y principios fundamentales, nuestros ideales básicos, aquellos que están vigentes aún y que tienen una enorme fuerza de proyección, debemos defenderlos, reflejarlos y protegerlos. Son nuestros ideales de Libertad, Igualdad, Fraternidad, Solidaridad, Democracia, Laicidad, Tolerancia, Justicia…

Pero llevar adelante esos ideales puede requerir de nuevas iniciativas, con arreglo al estado de la sociedad, la cultura y la civilización. Nuestra tradición es continuar el legado de la Ilustración teniendo en cuenta los nuevos contextos históricos. Se trata de mirar el futuro, para proyectarnos hacia la construcción de una sociedad y una civilización que responda a las inquietudes e incertidumbres humanas del presente. Lo cierto es que el acceso humano al conocimiento ha sido y sigue siendo gradual. Esa progresión va diseñando sucesivos paradigmas culturales y el de nuestra civilización no es el de la caldea, la egipcia o la india clásicas. Somos herederos conscientes de que nuestro tiempo es el de la civilización cibernética, el de la relatividad y la mecánica cuántica. Los aspectos de la verdad que nos vienen revelando la Física - que no es otra cosa que el estudio de la Naturaleza - y el estudio de las ciencias en general son las únicas “revelaciones” auténticamente universales ofrecidas a todos y no son absolutas, sino orientadoras de la búsqueda emprendida por la humanidad. La expresión del pensamiento humano de nuestro tiempo ha de tener en cuenta los datos que hemos adquirido e incluirlos en cualquier análisis bienintencionado de la realidad.Por tanto, ninguna hipótesis bien razonada tiene por qué ser excluída en la búsqueda de la Verdad. Curiosamente, dos cosas opuestas pueden ser ciertas y simultáneas, como demostró Heissenberg en el siglo XX. Afirmar el derecho de todos impide graves errores por exclusión, pero sí sabemos que si nuestros ideales son denigrados, oscurecidos, derrotados, banalizados o ridiculizados, lo que se estará destruyendo es el proyecto de un ser humano digno y libre en una sociedad justa y fraternal.



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