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RECORDANDO A OSWALD WIRTH (1860-1943), por Amando Hurtado


Este año conmemoramos el 75º aniversario de su fallecimiento o, en leguaje masónico, “su paso al Oriente Eterno”. Y en su caso no se trata de lo que podría considerarse un bello eufemismo, sino la expresión de una realidad indiscutible:

Con trabajos emblemáticos, como “La Francmasonería inteligible para sus adeptos” (en tres volúmenes sucesivos, dedicados respectivamente a Aprendices, Compañeros y Maestros) y “Los misterios del Arte Real”, o dirigiendo la revista “El Simbolismo” (que fundó en 1912), Oswald Wirth ejerció durante casi medio siglo XX un auténtico magisterio en el estudio y el análisis de la simbología masónica. Sin olvidar que su amor a la Masonería, el recuerdo de su modestia y bonhomía, junto a su elevado sentido de la fraternidad, son el legado más precioso que un masón pueda dejar tras de sí...

Junto a René Guénon, Albert Lantoine, Jules Boucher y tantos otros, forma Oswald Wirth el cuadro de Hermanos universales que han adornado las columnas de la masonería adogmática francesa durante la primera mitad del siglo pasado, siempre prontos a sobrevolar falsas barreras obedienciales y a ofrecer sus hallazgos a los demás, sin las discriminaciones contrarias a los principios que algunos intentan camuflar con pretextos diversos. Oswald ocupó uno de los dos sillones reservados a la Masonería francesa entre los cuarenta de la Sociedad de los Filaletas, que fué fundada en 1928 en Estados Unidos para integrar a autores masones de todo el mundo, como alta Academia, bajo el lema “No existe religión superior a la de la Verdad” (alezeia, en griego). Junto a él estuvieron Rudyard Kipling, Armando Bedarride y Joannis Corneloup, entre otros. Este último, ilustre Hermano del Gran Oriente de Francia, conservó gran cariño y admiración por Oswald Wirth toda su vida, refiriéndose a él siempre como “mi” Maestro, en el sentido entrañable en que un masón puede emplear ese posesivo.

Analizando la situación de aquel momento, en una carta dirigida en 1938 al presidente de la Sociedad de los Filaletas, decía:

<< Tengo la profunda convicción - tanto metapsíquica como objetiva - de que nuestra Masonería, llamada “especulativa”, va camino de una transformación. Ha permanecido, hasta ahora, demasiado ignorante y a ello se deben su debilidad y los errores que la dividen. Los que lo comprendemos debemos esforzarnos en ayudar a nuestros Hermanos. Por mi parte no he dejado de hacer todo lo que he podido en ese sentido, desde 1884, y tengo la satisfacción de no haberme molestado en vano, puesto que existe ya en Francia un serio movimiento de estudio en pro de la transformación de nuestras Logias en muy efectivas escuelas de Arte Real. Además Suiza, Bélgica y Holanda se están adaptando a ello por contagio. En todos estos países se estudia la Masonería metódicamente, con el fin de aplicar sus enseñanzas a la vida. Ya no es tiempo de esconder a los profanos la filosofía de los Constructores de una Humanidad mejor. Lo que cada masón puede elaborar en su propio espíritu es una verdadera religión-sabiduría universalmente humana. Pero lo que descubre por sí mismo le pertenece y tiene derecho a disponer de ello en beneficio de otros. En Europa somos pocos, pobres, mal conocidos y perseguidos en los paises no democráticos. No nos es dado descansar llevando una existencia vegetativa: se impone trabajar. No ocurre lo mismo en Inglaterra y en los Estados Unidos, donde se pueden contentar con jugar a la Masonería; lo que no es ideal, aunque el juego no sea totalmente en vano, puesto que ayuda a mantener los buenos sentimientos fraternales. Pero los juguetones son niños sometidos a las autoridades escolares que van prohibiendo el juego de clase en clase, so pretexto de velar por la educación de la infancia. >>

Poco después llegaron la Segunda Guerra mundial y las grandes persecuciones a la Masonería europea en los paises controlados por los nazis, los fascistas y los estalinistas. Oswald Wirth falleció durante la ocupación alemana, en 1943. No hubo tiempo para grandes cambios, pero su precoz visión de las cosas fué certera en los planteamientos. Si estuviera hoy entre nosotros, seguiría siendo muy iteresante conocer su opinión sobre la situación actual...

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