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La masonería iberoamericana: redes y presente

  • 31 may
  • 2 min de lectura

El espacio iberoamericano — España, Portugal y los países de América Latina y el Caribe — forma una comunidad lingüística y cultural de más de 700 millones de personas. Dentro de ese espacio, la masonería tiene una historia compartida que arranca del siglo XVIII y continúa hoy en una red de obediencias y logias que mantienen vínculos fraternales a través de las fronteras nacionales.

Comprender la masonería iberoamericana como un conjunto permite ver algo que el enfoque exclusivamente nacional no permite: la existencia de una tradición compartida que ha producido, en contextos muy distintos, respuestas similares a preguntas similares sobre la libertad, la fraternidad y la responsabilidad ciudadana.


Masonería iberoamericana: redes internacionales
El espacio iberoamericano y la masonería: una fraternidad de raíz común


Las raíces comunes

La masonería llega a los territorios iberoamericanos en el siglo XVIII, portada por viajeros, militares y comerciantes europeos. Esta red transatlántica tuvo una importancia crucial en los movimientos de independencia. Los patriotas americanos que viajaban a Europa encontraban en las logias locales un espacio de acogida y de intercambio que trascendía las lealtades coloniales.

La masonería fue, en este sentido, uno de los primeros espacios de globalización positiva en el Atlántico ibérico.


Diversidad y convergencia contemporáneas

Hoy, la masonería en el espacio iberoamericano es extraordinariamente diversa. México tiene una de las comunidades masónicas más grandes del mundo hispanohablante; Brasil tiene varias grandes logias con decenas de miles de miembros. Argentina, Colombia, Chile, Venezuela, Perú y los países de América Central tienen tradiciones masónicas propias.

A pesar de esta diversidad, existen convergencias notables. Las obediencias iberoamericanas comparten en su mayoría un compromiso con el laicismo, con los derechos civiles y con la educación pública.


Los desafíos del siglo XXI

La masonería iberoamericana enfrenta en el siglo XXI desafíos que son a la vez específicos de su contexto y compartidos con la masonería mundial. La secularización progresiva de las sociedades iberoamericanas reduce el atractivo de una institución percibida como tradicional.

Pero hay también razones para el optimismo. En varios países, la masonería está experimentando un renovado interés entre hombres jóvenes que buscan espacios de reflexión y de fraternidad genuina que las redes sociales no pueden proporcionar.

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