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La oración y el silencio en la logia masónica

  • 31 may
  • 2 min de lectura

La logia masónica se abre con una oración y se cierra con otra. Este hecho simple dice algo esencial sobre la naturaleza de la institución. La masonería regular no es una organización puramente secular: reconoce explícitamente una dimensión trascendente de la existencia humana y la expresa, de forma ritual y regular, en la práctica de la oración.

Pero la oración masónica no es confesional. Se dirige al Gran Arquitecto del Universo — una fórmula deliberadamente abierta que cada hermano puede llenar con el contenido de su propia fe o de su propia filosofía.


Espiritualidad y luz: la práctica contemplativa en la logia masónica
La oración masónica: orientación hacia lo trascendente sin imposición doctrinal


El Gran Arquitecto: una metáfora filosófica

La figura del Gran Arquitecto del Universo es una de las más malentendidas de la tradición masónica. El Gran Arquitecto es una metáfora filosófica que expresa una convicción fundamental: que el universo tiene un orden, que ese orden implica alguna forma de inteligencia o propósito que trasciende la voluntad individual.

Es una posición metafísica mínima — compatible con el teísmo, con el deísmo y con ciertas formas de espiritualidad no teísta — que no impone ninguna doctrina concreta.


El silencio como práctica espiritual

Junto a la oración, el silencio ocupa un lugar central en la espiritualidad masónica. Las tenidas de logia incluyen momentos de silencio deliberado — durante ciertos pasajes rituales, durante la meditación en el gabinete de reflexión, durante los instantes más solemnes de las ceremonias de iniciación.

En todas las grandes tradiciones contemplativas del mundo, el silencio tiene un lugar privilegiado como vía de acceso a dimensiones de la experiencia que el discurso racional no puede alcanzar. La masonería hereda esta intuición y la incorpora en su método iniciático.


Una espiritualidad para el siglo XXI

En una época en que millones de personas se definen como espirituales pero no religiosas, la espiritualidad masónica tiene algo genuinamente relevante que ofrecer. No como sustituto de la religión, sino como espacio complementario de exploración: estructurado pero abierto, comunitario pero respetuoso de la conciencia individual.

Esto es, quizás, uno de los aspectos más actuales de la tradición masónica: su capacidad de ofrecer un lenguaje espiritual sin las exigencias dogmáticas que muchos encuentran imposibles de aceptar.

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