El tiempo y la tradición: reflexión sobre la permanencia
- 31 may
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Hay algo notablemente extraño en pertenecer a una institución que lleva tres siglos practicando esencialmente los mismos rituales. En un mundo donde la novedad es un valor en sí misma, la masonería propone algo radicalmente diferente: la permanencia. El masón que se inicia hoy recibe, con pequeñas variaciones, los mismos símbolos, las mismas palabras y las mismas preguntas que recibieron sus predecesores hace cien, doscientos, trescientos años.
Esta continuidad no es inercia: es una afirmación deliberada de que hay dimensiones de la experiencia humana que no cambian con las modas, y que merecen ser transmitidas con cuidado de generación en generación.

El tiempo de la logia
La logia vive en un tiempo diferente al del mundo exterior. No el tiempo del mercado — siempre urgente, siempre orientado hacia el próximo trimestre — ni el tiempo de las redes sociales — frenético, superficial, sin memoria. La logia vive en el tiempo de la tradición: un tiempo que mira hacia atrás para entender el presente, y que se proyecta hacia adelante no en años sino en generaciones.
El masón que entra en una logia no piensa en lo que obtendrá de ella en los próximos meses: piensa en lo que quiere construir en los próximos años, y en lo que quiere dejar a quienes vendrán después de él.
La deuda con los que vinieron antes
Pertenecer a una tradición implica reconocer una deuda con quienes la construyeron y la transmitieron. Los masones que trabajan hoy no han inventado lo que practican: lo han recibido. Han recibido rituales que otros elaboraron, símbolos que otros interpretaron, valores que otros defendieron — en algunos casos a un precio muy alto.
La responsabilidad consiste en transmitir lo que se ha recibido de forma íntegra y viva — no como un museo que conserva objetos muertos, sino como una escuela que transmite experiencias vivas.
La permanencia como forma de resistencia
La permanencia de la tradición masónica es también una forma de resistencia. Resistencia a la ilusión de que todo lo importante es nuevo, a la tiranía del presente que convierte en obsoleto todo lo que tiene más de una generación.
La masonería dice que hay cosas que importan demasiado como para estar de moda — y demasiado para dejar de practicarse por miedo a parecer anticuadas. Los rituales del compañero que labra su piedra, del maestro que afronta su muerte simbólica, del hermano que cumple su palabra: estas cosas serán relevantes mientras los seres humanos sigan siendo lo que son.



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