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“LAICISMO, CIVILIDAD, FRATERNIDAD, BASES DE LA ARQUITECTURA MASÓNICA”, por Antonio Campos Romay, Esp


CONFERENCIA SCME – DISTRITO GALIZA EN VIGO

Antonio Campos Romay

“LAICISMO, CIVILIDAD, FRATERNIDAD, BASES DE LA ARQUITECTURA MASÓNICA”

Quizás antes de entrar en materia, no dejaría de tener interés aclarar algo que seguramente esté en la mente de muchos de ustedes. Una pregunta a la vez simple, pero con mucho sentido, y que también nos hacemos no pocos masones, ¿qué razón de ser tiene, que utilidad aporta la Masonería en el siglo XXI?

Tras de nosotros quedan tiempos de las grandes conquistas sociales, de numerosas utopías que en la mayor parte de los caso se vieron realizadas. Tiempos donde el faro de la Ilustración, confluía en la dinámica laica, republicana y masónica proyectando su Luz sobre los siglos XIX y XX. Todo parecía anunciar una interminable estela de placidez. Una realidad inalterable.

Pero la historia humana es contumaz, cruel. Hecha de quiebros sucesivos. Es todo menos un rio que se desliza mansamente hacia el mar. Su recorrido es una suma de meandros, torrenteras, cascadas, corrientes turbulentas, circunstancias diversas que acechan el devenir de la historia sin permitir que esta fluya con la placidez.

La globalización de la economía no necesariamente discurre en paralelo con el bienestar común. La percepción es que polariza sus efectos al servicio de unos sectores, mínimos, en perjuicio de los mayoritarios, auspiciando con ello tensiones severas. Unido a ello, una década de crisis financiera y especulativa sin precedentes, terminó de dinamitar los cimientos de una sociedad y convivencia que se había asentado tras la II Guerra Mundial con la valiosa aportación de notables intelectuales y políticos francmasones.

Asistimos a una convulsión ajena a experiencias anteriores, que nos retrotraería a los siglos XV o XVI para hallar un referente. Las metamorfosis geopolíticas, económicas, de comportamiento social están al orden del día. Acechan riesgos de alcance desconocido para temas tan dispares como el equilibrio ecológico, o los medios de comunicación tradicionales que sobreviven a duras penas en medio de una imparable revolución digital. Frente a las doctrinas humanistas, la tolerancia y el dialogo, se alzan una constelación de fanatismos, intolerancias, inmediatismo e insolidaridad, que afrentan la convivencia. Se registra un alarmante retroceso en valores como la solidaridad, el concepto del deber, el reconocimiento del esfuerzo y el amor por el trabajo bien hecho.

En algunas esferas, la confesionalidad supera de forma impertinente el lugar que le es propio, sobrepasando la esfera privada que le es propia. Se hace necesario reforzar la garantía de la libertad de los que optan por otras rutas. Respetando sensibilidades y espacios. Tarea en la que sería trascendente que las propias iglesias asuman abanderar la tolerancia, evitando con ello resucitar conflictos inútiles y peligrosos de los hay ya excesiva bibliografía.

Para la Masonería Liberal y Adogmatica, de la que se nutre el Supremo Consejo Masónico de España, y es referente obligado la Gran Logia Simbólica Española, la defensa de la libertad absoluta de conciencia, no es una propuesta. Es el posicionamiento firme, la condición indispensable para la construcción del ser humano individual. Y como colectividad, la capacidad de los individuos y de los pueblos en escoger sin coacciones.

De esta situación se deriva la primera respuesta al interrogante inicial.

La Francmasonería hoy, al igual que en otras épocas y otros escenarios, alberga en su seno personas que no permanecen impasibles ante los avatares de la sociedad. Que apuestan por dar sentido a los valores que configuran el frontispicio de la Francmasonería, la triada Libertad, Igualdad, Fraternidad, e intentan trabajar con celo “Al Progreso de la Humanidad”. Masonas y masones que ejerciendo con coherencia la Fraternidad y la Igualdad reivindicaron los derechos de la mujer dándoles entrada en sus Logias. Enfrentando con ello posiciones vetustas ancladas aún hoy, en el dogmatismo de la Francmasonería conservadora. Mantener en el primer cuarto del siglo XXI actitudes que corresponden a un pasado de visión masculina del mundo, va contra la lógica y la ética de la época.

La Francmasonería, sus hombres y mujeres, no permanecen indiferentes ante las incertidumbres cada vez más severas que se ciernen sobre la sociedad y amenazan su armonía como colectivo humano. La Francmasonería es motor necesario para impulsar las ansias innatas al individuo de mejorar moral e intelectualmente. Ejercidas en un marco a la vez fraterno y transversal a través de la práctica de la ritualidad que de forma tan idónea allega el Rito Escoces Antiguo y Aceptado. Y también con la interpretación alegórica de los símbolos de uso común en los antiguos gremios de constructores, un corpus que entronca con la tradición iniciática. Cabe tener presente que la transmisión del conocimiento requiere siempre de símbolos, sean estos orales, gestuales, gráficos, matemáticos, etc.

La Francmasonería es un ventanal abierto a la reflexión moral e intelectual y un observatorio de los problemas de la sociedad que compartimos. En un mundo deshumanizado que hace gala de ignorar códigos morales y valores, profundiza en las verdades y conocimientos primigenios del hombre esforzándose en crear lazos de confianza y empatía uniendo lo disperso.

Un soporte indispensable en la práctica masónica es la Laicidad. La Laicidad en contra de la visión que se tiene sobre ella trasmitida desde sectores interesados, no es sino el intento de establecer reglas de respeto mutuo entre las religiones y el Estado. La laicidad del Estado y de sus instituciones es ante todo un principio de concordia constituido sobre lo que une, y no sobre lo que separa. Se articula a través de los dispositivos jurídicos de separación del Estado y las distintas instituciones religiosas, agnósticas o ateas. Y conlleva su neutralidad con respecto a las diferentes opciones de conciencia, individuales o colectivas. Es un lugar de encuentro sin ignorar la complejidad que comporta por las implicaciones en los ámbitos filosófico, político, social y religioso.

Vemos reflejado un estado laico, en aquel que se obliga a preservar la libertad de conciencia frente a cualquier amenaza que atente contra ella. Que garantiza que ninguna ciudadana ni ciudadano pueda ser obligado a creer en algo por la fuerza. Un estado que sanciona la pluralidad religiosa. Donde el laicismo debe ser visto como un estilo de vida basado en la experiencia humana, en la tolerancia, la libertad, la igualdad y la democracia en el seno de una sociedad justa. Que propone una enseñanza laica y aconfesional. Con organismos públicos imparciales, garantes de la dignidad de la persona y los derechos humanos, sin exclusiones religiosas, raciales, sexuales, políticas o de ningún otro tipo.

Por vía de ejemplo cabria citar dos países, uno en el continente americano y otra en el europeo. La República Oriental del Uruguay, donde el 40% de su población dice carecer de filiación religiosa, incluyendo ateos, agnósticos o que simplemente no se identifica con ninguna creencia en particular. Uruguay es el país con más baja afiliación de tipo religioso de Sudamérica. Su Constitución de 1918 ya establece la separación entre el Estado y la Iglesia. Aunque el factor más importante de la identidad uruguaya en materia laicista es el proceso de secularización emprendido por el presidente D. José Batlle y Ordóñez, hace ya más de 100 años. Quizás parte de la explicación se halle, en que a diferencia del resto del continente americano, la iglesia católica tiene escaso peso y sus lazos con la administración son muy tibios.

Uruguay desde sus inicios tuvo como seña de identidad su amor a la Libertad, siguiendo las huellas del pensamiento de Artigas. Los Presidentes de la Republica no juran sobre la Biblia desde comienzos del siglo XX. No existen símbolos confesionales en los hospitales públicos ni en las escuelas o liceos públicos. No hay capellanes en las Fuerzas Armadas, no se reconocen los casamientos religiosos, y su Constitución establece la libertad de cultos, y el Estado no sostiene confesión alguna.

Francia, consagra en 1814, con la restauración borbónica en la persona de Luis XVIII el principio de confesionalidad, dando preminencia a la religión católica en orden a la razón sociológica, y carácter mayoritario, pero garantizando a la vez la libertad religiosa. Francia cabe catalogarla hoy como el país más laicista de Europa. La ley de separación de la Iglesia y el Estado se aprobó por la Cámara de Diputados de Francia el 9 de diciembre de 1905, durante la III República, Estableció el estado secular, obra legislativa de destacados masones, y la ley de 1905 fue frecuentemente considerada políticamente intocable.

El laicismo es precepto constitucional de la República Francesa. Se incluyó por primera vez en la Constitución de la IV República (octubre de 1946), lo que ratifica al instaurarse la V República. El artículo 2 de la Constitución actual, promulgada el 4 de octubre de 1958, declara: "Francia es una República indivisible, laica, democrática y social. Garantiza la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos sin distinción de origen, raza o religión. Respeta todas las creencias".

El laicismo es una conquista humana, que más allá de las claves jurídicas, cabe entenderlo como la cultura de la libertad frente al discurso impuesto, ajeno a la racionalidad y el debate.

La masonería es civilidad, civilismo. Hace suya la doctrina política que defiende que el gobierno de la colectividad debe estar en manos civiles. Una doctrina descrita en Francia por los filósofos Montesquieu, D`Alambert, Voltaire, Rousseau, entre otros, básicamente resumido en las tres premisas que son omnipresentes: libertad, igualdad y fraternidad, lo que plasma la Revolución francesa en el primer corpus de Derechos Civiles.

El pensamiento democrático nutre el civilismo, que es práctica obligada al francmasón. Una actitud esencial en democracia, que tiene una connotación innegablemente moral. Es un marco de valores normativos, filosóficos y éticos que se expresan en la constitución de un sistema jurídico y político democrático. Una suma de reglas y procedimientos destinados a recordar a las instancias gobernantes su compromiso de asegurar el respeto de los derechos y la garantía de las libertades fundamentales. El pensamiento republicano reclama una educación para la democracia impartida por la docencia pública, como factor indispensable para la construcción y el mantenimiento del vínculo social. Entendido el pensamiento republicano más allá de una teoría, sino como la práctica de una ciudadanía virtuosa al servicio de la comunidad. Exponiendo los valores cívicos que conlleva. Principios que engarzan plenamente con el sentir masónico: La igualdad, la prudencia, la sobriedad, la integridad, el amor a la justicia, el activismo cívico y el compromiso con la suerte de los demás.

La Francmasonería no puede permanecer indiferente ante un mundo que va dando tumbos por el consumismo, la cosificación y la pérdida de valores, malgastando la capacidad de soñar, de creer en un mundo mejor, en una comunidad mejor. Donde las ideas son sustituidas por la inmediatez, el afán de medro y lucro en viaje hacia ninguna parte. El MM:. Salvador Allende, presidente de la República de Chile, en su plancha leída ante la Gran Logia de Colombia en el año 1971 decía: “Y por eso yo pienso y sueño. Sueño en la noche de la iniciación, cuando recordaba estas palabras: que los seres humanos sin ideas arraigadas y sin principios son como las embarcaciones; que perdido el timón encallan en los arrecifes”.

Si hay algo consustancial con la Masonería, esto es la Fraternidad. Ese universo a la vez moral, cultural y simbólico, que es una especie de tejido que nos envuelve. Cuando percibimos a nuestro alrededor una ola inmoral de insolidaridad, racismo, xenofobia, algo que penetra como un virus atacando nuestras defensas morales que están como distraídas, propias de una generación que cree que los derechos se heredan, caemos en cuenta que el gran reto de la Francmasonería y de la sociedad en el siglo XXI es educar en la Fraternidad

La Fraternidad no puede ser un mero ornato teórico en la triada que inspiran los valores masónicos. Debe convertirse en valor pedagógico activo en una sociedad cuya estructura para los más débiles es sumamente vulnerable. En un contexto cada vez más áspero es probablemente uno de los desafíos centrales. El ejercicio de la Fraternidad es indispensable en el marco de una sociedad consciente, que percibe el daño social y debe procurar los medios efectivos para restañarlo.

En este mundo confuso, donde la globalización ha provocado en expresión del sociólogo y filósofo francés Egdar Morin “una crisis planetaria de múltiples rostros” asomando fundamentalismos y la depredación sistemática a cargo del capitalismo financiero, lo que instala en un espacio difícil la solidaridad y la equidad distributiva.

El economista catalán Alex Rovira afirma que la seguridad es una ilusión. Un apego a lo conocido. De sus palabras se desprende que la seguridad permanente, es encadenarse a una fantasía que se ancla en el pasado. Milán Kundera afirma que no tenernos más certeza “que la sabiduría de la incertidumbre” Los francmasones en nuestro permanente camino especulativo transitamos nuestra construcción interior en aras de hallar el futuro deseado, en la medida que esté al alcance de una Orden iniciática como la nuestra. Aplicando a ello método personal de trabajo, la reflexión y la progresión individual en un ámbito colectivo. Y la sociabilidad implementada desde la empatía, la generosidad y la aportación individual.

Como Pueblo Masónico consciente de sus retos, es valiosa la reflexión de Alex Rovira, “podemos elegir ser víctimas del pasado y hacer de él nuestro verdugo del presente, o podemos elegir ser actores conscientes del presente y crear un futuro que vaya más allá de lo que hoy somos capaces de concebir”.

En una sociedad compleja y diversa, los y las francmasonas somos celosos custodios de un legado que da sentido a nuestras vidas desde el momento en que recibimos la Luz. En esta sociedad que compartimos, en la que languidece el debate intelectual, debe hacerse presente tal como es y en lo que pretende contribuir a ella, haciéndolo al amparo de lo que son sus esencias, sus Ritos y sus Símbolos.

Y proponiendo con interés renovado, lo es que es su sueño más hermoso. Su utopía más bella a lo largo de siglos. Mejorar la sociedad hoy para dejar una mejor mañana. Una sociedad de hombres y mujeres emancipados. Capaz de eludir las nubes negras que agobian al ser humano, haciendo de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad su modo de vida en un espacio laico y solidario.

#freemasonry